Me
pareció de mal gusto que me citara en el McDonald’s, sabiendo como sabe que soy
vegetariana convencida.
A pesar de todo no quise estropearle la cena, de modo que irrumpí en el
establecimiento con una de mis mejores sonrisas, aunque el olor a carne quemada
me obligaba a hacer grandes esfuerzos por reprimir las arcadas.
Debía notárseme
la incomodidad porque todas las miradas se dirigían hacia mi persona.
Cuando me
empujaron en dirección a la cocina se confirmaron mis peores sospechas.
De no ser porque
se me retorcieron los cuernos habría resultado carne de parrilla para las
próximas dos mil hamburguesas.
DONAIRE GALANTE

