jueves, 8 de noviembre de 2012

EDGAR ALLAN POE


        El cuento, el relato corto, tal como los conocemos hoy, no habrían llegado a ser lo que son sin la aportación determinante de Edgar Allan Poe.
        Tampoco se concibe cierta literatura de género, la del terror, la del misterio, sin el nombre de este escritor, considerado sin discusión una de las grandes figuras de la literatura de todos los tiempos.
        De prosa elegante, innovador, atrevido, cáustico en sus críticas y con cierta propensión al escándalo, fue periodista y crítico literario, aunque tenía, ante todo, alma de poeta. Defendía, de hecho, que en la poesía radica la esencia de la literatura. Y fue, precisamente, su poema El cuervo el motor de arranque de su notoriedad.

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”
Extracto de El cuervo

        A pesar de todo, dominó como nadie la estructura del relato, otorgándole un dramatismo, una intensidad narrativa, que han marcado el desarrollo de la literatura posterior.
        Reivindicado por muchos, en virtud de Los crímenes de la calle Morgue, como el fundador de la novela de misterio y del género detestivesco o policíaco, ha tenido Allan Poe influencia en el resto de las artes; así, el cine, la música, la televisión, la pintura, se han venido nutriendo de la genialidad del autor estadounidense.
        Buena prueba de ello la constituyen las múltiples adaptaciones de sus obras (entre otros, Jean Epstein, Edgard G. Ulmer, Albert Rogell y, sobre todo, Roger Corman) o los dibujos inspirados en sus relatos de Doré o Manet. 
        Lo gótico, lo siniestro, lo sobrenatural, la muerte, fueron caldo de cultivo para una mente inquieta que defendía la importancia de los sueños como pasaporte a una realidad, la imaginada, que a menudo supera a la propia vida.


Todo lo que vemos o parecemos es solamente un sueño dentro de un sueño.

Los que sueñan de día son conscientes de muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche.
Edgar Allan Poe

jueves, 25 de octubre de 2012

ESCRITURA DE COMPROMISO


"No se es escritor por haber decidido decir ciertas cosas, sino por haber decidido decirlas de cierta manera".
Jean-Paul Sartre, ¿Qué es la Literatura?

Según el filósofo y escritor francés, el autor debe adquirir un compromiso doble: consigo mismo y con el lector al que se dirige. Poner la pluma al servicio de la comunidad, al objeto de inquietar conciencias. 


La literatura de compromiso ha sido desarrollada por infinidad de autores desde tiempos inmemoriales. De hecho, como la literatura desde sus orígenes ha estado ligada a la realidad y a la experiencia, muchas obras han sido reflejo de la sociedad que las ha visto nacer. De sus inquietudes, de sus pretensiones de mejora. Y esa es la razón de que los textos, a menudo, expresen una necesidad de cambio.


"Comprometidos, lo estamos, aunque involuntariamente […] no es la lucha la que nos hace artistas, sino el arte el que nos obliga a ser luchadores […]. Por ser el mundo como es, estamos comprometidos con él, queramos o no queramos, y somos por naturaleza enemigos de los ídolos abstractos que en él hoy triunfan".
Albert Camus,  El testigo de la libertad.

Pero existe una literatura igualmente válida, igualmente admirable, y es aquella que, dejando al margen cualquier pretensión reivindicativa, tiene como fin básico deleitar. La que despierta ilusión, la que se desarrolla en torno a los sueños.

Ambas pueden ir o no unidas. Pueden caminar en paralelo sin llegar a confluir en un único camino. O bien pueden aunar fuerzas para sacudir al público en sus emociones hasta lo más profundo.


DONAIRE GALANTE

jueves, 11 de octubre de 2012

BARRIO DE SANTA CRUZ


Hoy he descubierto un nuevo amigo. 
En el sitio más insospechado.
Me esperaba, con expresión afable, la mano tendida hacia el frente. Haciendo ademán de alcanzarlo todo, de fundirse con el ambiente sosegado que lo rodeaba.
En silencio, igual que un convidado de piedra, observaba cuanto acontecía alrededor con sonrisa complaciente. ¡Qué placer estar aquí!, decían sus ojos.
Me he detenido frente a él, envidiando su suerte. Y después he seguido mi camino hacia el entramado de calles que componen este sevillano barrio.
Los turistas se agolpaban en los rincones más típicos, atentos a las explicaciones de los guías. Disparando a menudo sus cámaras con la esperanza de retener para siempre el recuerdo de un entorno único. Las parejas se abrazaban con idéntica suavidad a como transcurría el tiempo entre naranjos, macetas y geranios.
A cada paso un azulejo, una casa con historia, una huella del flamenco tan presente en aquella y otras partes de la ciudad. Hasta las guitarras se habían confabulado para alborotar el espíritu, salpicando con acordes desgarrados las estrechas callejuelas de la judería.
Todavía en el Patio de Banderas se las sentía latir, dulces y evocadoras como las melodías que entonan sus cuerdas.
Sin pretenderlo terminé mi recorrido frente a mi recién estrenado amigo. Reparé esta vez en la placa bajo sus pies: sólo llevaba allí desde agosto, mientras que yo había tenido años para contemplar la belleza circundante. Y, sin embargo, él podría a partir de ahora deleitarse cada día con el rumor de las fuentes, el revoloteo de las palomas y las acrobacias de los cernícalos primilla. Podría dejarse acunar por el murmullo de los visitantes que se mezcla con esa calma única de sol y arquitectura popular.
Quise ser una estatua y quedarme allí, junto a él, por toda la eternidad, con el único cometido de disfrutar de las vistas del Palacio Arzobispal, la torre de la Giralda y la Catedral.

Donaire Galante

jueves, 13 de septiembre de 2012

MANÍAS DE ESCRITOR. II. TIEMPO DE TRABAJO

El tiempo de trabajo cobra dimensiones insospechadas en lo que a los escritores se refiere. 
Lejos de plantearse un calendario laboral previsible, a imagen y semejanza del resto de profesionales de otros gremios, el escritor se encuentra permanentemente en activo, condicionado por esa lucecita que, en ocasiones caprichosa, se enciende y apaga en su interior sin que él pueda hacer algo por evitarlo.
Muchos hablan de DISCIPLINA como un Dios Todopoderoso que es posible imponer al resto de consideraciones. Y no es falso que el trabajo llama a la inspiración, como bien apuntó Picasso en otros términos. Pero también es cierto que sería demasiado optimista afirmar que, en todo caso, ésta depende de la organización y el orden. Porque la constancia sólo puede dar réditos en la medida en que el trabajo resulta productivo. 
Uno puede sentarse durante horas en un escritorio, frente al portátil, o pasear el lápiz sobre el folio con la ilusión de que las ideas se materialicen, convirtiéndose en perfectas líneas de una sensacional novela. Pero ni el escenario más propicio ni el aislamiento más absoluto conforman garantía de un buen trabajo. 
Y el escritor precisa como nadie, además de trabajar, que el fruto de su actividad tenga un valor. 
Si está falto de pilas, por mucho que se empeñe en combinar el negro sobre el blanco, no obtendrá más que renglones torcidos con los que alimentar las papeleras de su habitación. 
Sólo en un período floreciente será capaz de llevar a buen puerto cualquier proyecto que emprenda. 
Esto es lo que hace que, a priori, resulte complicado establecer una rutina. Porque en el momento en que la historia se apodera del autor éste deja de habitar su piel para trasladarse al interior de su creación. Desaparecerán los horarios, los calendarios; cualquier momento del día, sin medida, incluido el sueño, el autor se verá perseguido por sus propios personajes. Se sentirá parte de la historia, hasta el punto de respirar a través de ella. Cada objeto dejará de ser parte de la realidad para convertirse en un potencial elemento a incluir en su obra. 
A partir de ese momento, la identidad del escritor se diluye hasta fundirse con la ficción. Necesitará anotar una idea, una palabra, una frase que, de otro modo, se perdería para siempre; y esa obsesión lo empujará a saltar de la cama en plena noche, igual que un enfermo, para correr al otro extremo de la casa donde le esperará su fiel libreta, esa que es testigo de sus desmanes y sus trasnoches.
Donaire Galante

viernes, 31 de agosto de 2012

ESTRELLA ERRANTE




ESTRELLA ERRANTE

Amanecía
cuando le salió al encuentro
poseída por sus cabellos de oro.

Recorría
la distancia que los separaba
como si en ello el alma le fuera.

Se dejaba
acunar por el viento
mientras soñaba cómo sería verlo.

Y así perdió la noche
para encontrar el alba
que le era desconocida.

Desde su firme atalaya
enmudecía él.

DONAIRE GALANTE

lunes, 6 de agosto de 2012

LA TRILOGÍA DE NUEVA YORK


“Quinn se quedó paralizado. Ahora no podía hacer nada que no fuese una equivocación. Cualquiera que fuera su elección –y tenía que elegir- sería arbitraria, una sumisión al azar. La incertidumbre le perseguiría hasta el final”.

Un mundo propio de personalidades encontradas, investigaciones abiertas e identidades perdidas. Así es el universo que Paul Auster concreta en
La Trilogía de Nueva York.
Es La Trilogía de Nueva York un texto que destaca por su excelencia. Se trata de una obra compleja, que mezcla la intriga con el análisis psicológico o el ensayo con el estilo periodístico, en tanto nos abre puertas insospechadas hacia otros destinos.