Clásicos o modernos,
todos fuimos niños y a todos nos puso a soñar algún que otro cuento.
Princesas en apuros,
hadas capaces de los más atrevidos hechizos, dragones voladores o guerreros
dispuestos a enfrentarlos para salvar a sus amadas.
Quisimos ser los héroes
de aquellos textos que, entre nuestros dedos, desgastaban sus páginas a marchas
forzadas.
Escuchamos a nuestros
padres, a nuestros abuelos, narrando aquellas historias que nos fascinaban más que
un juguete nuevo.
Hans Christian Andersen,
los hermanos Grimm, Perrault, se acomodaron en las cabeceras de nuestras camas ofreciéndonos
fábulas que jamás olvidaremos.
Y los protagonistas de sus leyendas traspasaron
la barrera del papel y del tiempo, convirtiéndose, por derecho propio, en Cenicienta,
Caperucita Roja o Blancanieves.
Nombres propios que durante siglos han
engrosado la tradición artística y audiovisual, que nos han regalado nuevos momentos
inolvidables que vienen a ratificar la importancia del cuento en nuestro día a día.
