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domingo, 12 de enero de 2014

LA TABLA ESMERALDA



Cuando recibe la propuesta de investigar sobre El Astrólogo, un cuadro de Giorgione del s. XV, Ana no puede sospechar que su vida está a punto de entrar en una espiral de emociones desconocidas. 
Sus pesquisas la conducen hasta París, donde el profesor Alain Arnoux, un hombre tan interesante como enigmático, se convertirá en inopinado compañero de aventuras. A partir de entonces Ana asistirá como espectadora de primera fila a lo que supondrá un recorrido por la historia más reciente donde pasado, presente y futuro confluyen hasta límites insospechados.
Consciente de  que cualquier decisión es susceptible de transformar de forma definitiva la propia vida y la de aquellos que nos rodean, Ana tendrá que medir cada uno de los pasos que habrá de dar en su periplo. 
La verdad no siempre puede permanecer oculta por mucho tiempo, y enfrentar la realidad supone asumir riesgos que de otro modo jamás se presentarían. 
¿Estará dispuesta la joven historiadora a dejarse llevar por los acontecimientos?
Dos historias que discurren paralelas a través del tiempo donde la intriga, el peligro y la pasión conforman un denominador común. Una saga familiar, la de los Bauer, que durante décadas esconde importantes secretos.

jueves, 7 de marzo de 2013

EL MAGO DE OZ

¿CUENTO PARA NIÑOS O FÁBULA PARA ADULTOS?

Cuenta L. Frank Baum en la introducción a la primera edición del libro, allá por el año 1900, que pretendió "complacer a los niños" de su época, fabricando "un cuento de hadas modernizado, en el que se mantienen la alegría y la fantasía y se suprimen las penas y pesadillas".

jueves, 13 de septiembre de 2012

MANÍAS DE ESCRITOR. II. TIEMPO DE TRABAJO

El tiempo de trabajo cobra dimensiones insospechadas en lo que a los escritores se refiere. 
Lejos de plantearse un calendario laboral previsible, a imagen y semejanza del resto de profesionales de otros gremios, el escritor se encuentra permanentemente en activo, condicionado por esa lucecita que, en ocasiones caprichosa, se enciende y apaga en su interior sin que él pueda hacer algo por evitarlo.
Muchos hablan de DISCIPLINA como un Dios Todopoderoso que es posible imponer al resto de consideraciones. Y no es falso que el trabajo llama a la inspiración, como bien apuntó Picasso en otros términos. Pero también es cierto que sería demasiado optimista afirmar que, en todo caso, ésta depende de la organización y el orden. Porque la constancia sólo puede dar réditos en la medida en que el trabajo resulta productivo. 
Uno puede sentarse durante horas en un escritorio, frente al portátil, o pasear el lápiz sobre el folio con la ilusión de que las ideas se materialicen, convirtiéndose en perfectas líneas de una sensacional novela. Pero ni el escenario más propicio ni el aislamiento más absoluto conforman garantía de un buen trabajo. 
Y el escritor precisa como nadie, además de trabajar, que el fruto de su actividad tenga un valor. 
Si está falto de pilas, por mucho que se empeñe en combinar el negro sobre el blanco, no obtendrá más que renglones torcidos con los que alimentar las papeleras de su habitación. 
Sólo en un período floreciente será capaz de llevar a buen puerto cualquier proyecto que emprenda. 
Esto es lo que hace que, a priori, resulte complicado establecer una rutina. Porque en el momento en que la historia se apodera del autor éste deja de habitar su piel para trasladarse al interior de su creación. Desaparecerán los horarios, los calendarios; cualquier momento del día, sin medida, incluido el sueño, el autor se verá perseguido por sus propios personajes. Se sentirá parte de la historia, hasta el punto de respirar a través de ella. Cada objeto dejará de ser parte de la realidad para convertirse en un potencial elemento a incluir en su obra. 
A partir de ese momento, la identidad del escritor se diluye hasta fundirse con la ficción. Necesitará anotar una idea, una palabra, una frase que, de otro modo, se perdería para siempre; y esa obsesión lo empujará a saltar de la cama en plena noche, igual que un enfermo, para correr al otro extremo de la casa donde le esperará su fiel libreta, esa que es testigo de sus desmanes y sus trasnoches.
Donaire Galante

jueves, 1 de diciembre de 2011

MIGUEL DE CERVANTES

“El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”.
Miguel de Cervantes Saavedra


        Poco queda por decir de este genio de la literatura universal. Precursor de la novela moderna, maestro de las letras, Miguel de Cervantes desplegó sus habilidades con la pluma en todos y cada uno de los géneros literarios. Su excepcional talento le permitió incursionar con éxito en cualquiera de las propuestas trabajadas en su época.
        Original, vivaz, amigo de la experimentación narrativa, el creador del popular y extraordinario Quijote fue soldado y recaudador de impuestos al tiempo que desarrollaba su auténtica vocación.
        Palabras como hidalgo, caballero, soldado, Lepanto o prisión van inexorablemente unidas a su vida y su obra. Como lo está su nombre a la Literatura y a la Lengua con letras mayúsculas.
        Goza Cervantes del privilegio de haber parido la que es, a juicio de muchos, la más grande historia contada de todos los tiempos. Una novela irónica, entretenida, didáctica, realista y completa en todos los sentidos, rebosante de sentencias magistrales de las que resulta posible extraer provechosas enseñanzas.
        De haber imaginado su autor la repercusión que tendría todavía cuatro siglos después de su nacimiento, tal vez se habría visto abrumado por la responsabilidad. El influjo de Don Quijote de la Mancha ha traspasado las fronteras del espacio y del tiempo, y con la obra su creador, el excelso Cervantes, padre de la Literatura.

“Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”.
Miguel de Cervantes Saavedra