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martes, 22 de octubre de 2013

MARKETING EDITORIAL

Todo vale en la guerra por acaparar las ventas. 
Reclamos publicitarios, destapar presuntos secretos sobre los autores y sus obras que acrecientan sus leyendas. Hasta asociar los más prestigiosos galardones literarios a rostros populares que no en todo caso cumplen los requisitos esenciales de rigor y calidad estética.

miércoles, 7 de agosto de 2013

EL PLACER DE LA LECTURA


Hay momentos para la risa y momentos para dejarse arrastrar por el desánimo. Momentos para discutir, gritar, para dejarse embrollar y disfrutar de lo que ofrece la vida. 
Hay momentos para el dolor y momentos para el amor.
Hay momentos para todo, y las vacaciones de verano podrían plantearse como ese momento justo para retomar alguno de esos hábitos saludables largamente pospuestos.
Deporte, una dieta sana, reuniones con viejos amigos o visitas a rincones olvidados. Con un poco de tiempo, muchas ganas de llenarlo de cosas y relax de cuerpo y espíritu resultará fácil encontrar la excusa para reencontrarse con esa parte de nuestro yo que tanto nos motiva.
Altamente positivo podría ser reservar a la costumbre de leer alguno de estos momentos estivales. 

No hace falta decantarse por cualquiera de los ejemplares que, desde hace demasiado tiempo, pueblan las estanterías de nuestro hogar. Tampoco recurrir a una de las generalmente admitidas como obras de culto. Y ni siquiera optar por ese volumen que, siguiendo la última moda, ocupa las primeras posiciones en las listas de los más vendidos.
Lee lo que te gusta. Aquello que te apetece. Estás de vacaciones, no te castigues con imposiciones estúpidas. Disfruta con una lectura minuciosamente escogida con el único objetivo de procurarte felicidad.

Sólo así recuperarás un placer susceptible de prolongar tus vacaciones más allá de esas jornadas señaladas con tanto anhelo en tu calendario laboral.

DONAIRE GALANTE

martes, 30 de abril de 2013

¿POR QUÉ NOS GUSTA EL TACTO DE LOS LIBROS?


Del mismo modo que necesitamos tocar a las personas, disfrutamos acariciando los libros.

Sus páginas, en esa suerte de intimidad que se crea durante la lectura, se convierten en aliadas del autor en su objetivo de hacernos llegar un mensaje.
Mientras saltamos de un folio a otro, deslizando nuestros dedos sobre el papel, podemos experimentar en nuestra propia piel la rabia, el deseo, el anhelo.
Somos capaces de vibrar ante una declaración de intenciones largamente contenida, de dejarnos sacudir por un terremoto en una isla perdida en medio del océano o permitir que la intensidad de la marea del desamor nos arrastre hacia el vacío de una noche sin fin.
Si los corazones de los protagonistas se encienden impelidos por las pasiones que el escritor ha puesto en ellos será el nuestro mismo el que lata con vocación de romper las paredes de la cavidad torácica que lo contiene.
Al permitir el contacto, el libro se entrega como el amante apasionado. Sin condiciones ni reservas. 
Al palparlo, nos introducimos en sus entrañas, desgranando los misterios que oculta a simple vista.
Percibimos el perfume del mar, el del carbón, el olor a desilusión o el de un éxito abrumador. 

Ni siquiera sospechábamos que existieran antes de haberlos leído, pero ahí están, traspasando la frontera de la imaginación, tal como los describe su creador.
Como también están el sabor amargo de la derrota, el del dolor, o el agridulce de una canción con nombre de melancolía.
Cualquiera puede hacerse realidad por encima de las letras.
Es la magia de la lectura, tradicional o digital, la que logra materializar cada uno de estos sueños.
DONAIRE GALANTE