sábado, 18 de octubre de 2014

DESDE AQUELLA PLAYA

                                         

Anoche soñé con aquella playa donde solíamos pasar los veranos. Atardecía y apenas quedaban unos pocos grupos de personas rezagados sobre la arena, colocados mirando al sol que arrastraba sus últimos rayos en su lento caminar hacia otro día. Más allá cuatro o cinco pescadores se alineaban frente al agua. Con trabajo mantenían la vista al frente luchando contra el deseo de contemplar la puesta de sol que se avecinaba. Del mar escapaba una extraña quietud, aparecía tan compacto y uniforme como un enorme lago helado durante el invierno. No soplaba la brisa ni se oía más sonido que el de mi propio corazón que se agitaba dentro de mi pecho.

De repente el ladrido de un perro irrumpió en medio de aquel ambiente perezoso y Jerry vino hacia mí, tan majestuoso en sus movimientos como siempre y desafiando a la arena blanda que parecía querer tragarse sus patas mientras avanzaba. Detrás venías tú, las mejillas encendidas por la carrera y esa sonrisa torcida de la que jamás te sentiste orgullosa pero que a mí me transportaba al paraíso. Quise ir a tu encuentro pero la misma calma chicha que invadía la playa se había apoderado de mí, así que tuve que conformarme con ver cómo recorrías la distancia que nos separaba conteniendo el aliento.

Estabas a punto de alcanzarme cuando se produjo un gran estruendo: el cielo se tiñó de tonos ocres y anaranjados, igual que aquellos que despiden al sol antes de la llegada de la noche, y sobre mi piel caían unas gotas espesas de una lluvia insólita del color de la sangre. Todos habían desaparecido y tú tampoco estabas. Otra vez te habías ido, otra vez me habías dejado para siempre.

Desperté sobresaltado y tomé entre mis manos la fotografía que nos hicieron el último año que estuvimos en aquel pueblo: la playa todavía seguía allí y yo te contemplaba con mirada soñadora… pero tú ya no sonreías.
 

domingo, 28 de septiembre de 2014

TRIANA



Las horas se cantan por soleá donde yo vivo. Más allá del río, en un rincón donde la esperanza es un rostro de virgen además de un sentimiento y los versos se adornan con compases de guitarra y quejíos, allí construí yo mi nido. Desde mi atalaya dirijo diariamente la mirada hacia el asfalto que palpita debajo. Mis pupilas registran el discurrir de una vida que se desarrolla entre un puente que es caja de recuerdos, de hechos que perviven en la memoria, y los huertos de El Aljarafe sevillano. Quien alguna vez rozó el cielo sabe lo que siente el afortunado que se adentra por vez primera en Triana. Que se empapa de su gente, de su idiosincrasia, de ese aire de leyenda que impregna sus calles. Tres ríos, Trajano, Historia en definitiva. Historia y Arte por los cuatro costados.

Un castillo, una catedral, y el río… Dicen que huele a mar y a la arcilla con que los alfareros fabrican sus piezas. Pero los que la vivimos sabemos que también despierta el resto de los sentidos. Desde Triana se adquiere una singular perspectiva de Sevilla. Cantaban que Sevilla tiene un color especial y Triana tiene el sabor, el olor, el tacto. Todo en Triana es especial. Tiene la música que es el flamenco y tiene la voz, que es la de los artistas, los gitanos, los toreros, la de los intelectuales, los pregoneros, los escritores que la honran con devotas palabras. Tiene la fisonomía y también el color, el que le ponen las flores de los corrales de vecinos y el remolino que conforman los habitantes de su plaza de abastos.

Pero, sobre todo, tiene el corazón. Corazón que late al ritmo de su gente. Corazón que vuela. Que se ensancha con cada sonrisa, con cada propuesta.
Así que ya lo sabes: si quieres contagiarte de alegría, de energía, de pasión...

Vente pa' Triana!
DONAIRE GALANTE dixit
 

jueves, 4 de septiembre de 2014

LA MAGIA DE LA MÚSICA


“Los nativos no tardaron en aparecer. Ordenadamente, se distribuyeron formando dos triángulos concéntricos en un descampado y en el centro situaron una tienda de campaña decorada con dibujos de vivos colores. Extrañamente, no la fijaron al suelo. Mientras tanto, un grupo de músicos ricamente ataviado fue tomando posiciones junto a la formación de indígenas y comenzó a golpear de forma rítmica sus tambores.

La señora Margaret A. Bevan estaba atónita. Había viajado a Canadá en 1939 para presenciar aquella ceremonia, y había obtenido el permiso para seguirla desde el triángulo interior. Lo que no hubiera podido imaginarse nunca es que aquella tienda iba a comenzar a temblar y a elevarse sobre el suelo. Primero ascendió unos cuatro metros de altura, para luego descender y retornar a su posición inicial. Pero al acelerarse el ritmo de los tambores, la tienda volvió a perder peso y a ascender. Al descubierto quedó una pequeña hoguera que desprendía un olor aromático similar al incienso.

Y no acabó ahí todo. La señora Bevan observó también cómo los músicos cambiaron repentinamente de ritmo. Al extenderse el nuevo sonido por la planicie, la tienda voló por tercera vez, aunque sobre el suelo se hizo visible la silueta brumosa de un indio atlético vestido con ropajes blancos. ¿Un espíritu? Cuando la tienda descendió por última vez, aquella imagen se esfumó...”.

jueves, 7 de agosto de 2014

EL MAR Y YO

Tratar de negarlo es inútil. Existe un affaire entre el mar y yo. Supongo que lo he sabido desde siempre: estamos ligados por espíritu. Y, aunque procuro alejarme de tanto en tanto para olvidarlo, es una relación que se aviva con cada reencuentro.
Lo quiero por las cosas que me hace sentir, por el sonido de su voz, que es el de las olas que acarician la playa. Por el sabor salado de su piel que se enreda con la mía en cada abrazo que el mar me regala cuando camino mar adentro, con destino a su corazón. Lo quiero porque representa la paz, la quietud. Porque me reconcilia con lo bueno y lo malo de la vida, y es fresco y cálido a la vez y porque refleja el beso del sol y la sonrisa pícara de la luna. Incluso cuando está bravío amo la furia de sus aguas revueltas, cargadas de pasión.
El mar es un soñador. Y un contador de historias. Vivir junto a él es una permanente aventura. Conserva recuerdos por docenas. Encierra relatos de piratas, de míticas criaturas, hermosas como piedras preciosas, y batallas capitaneadas por valientes.

Cuando el tiempo me separe de él aún conservaré su olor durante días. Como el de uno de esos amantes que dejan sobre la piel su huella indeleble. Ilusión de libertad que la rutina terminará por arrebatarme. Como cada vez. 

jueves, 17 de julio de 2014

LOS SUEÑOS, UNA CUESTIÓN DE SENTIDOS


NO DEJES DE SOÑAR
¿De qué están hechos los sueños?
¿Qué materia les da forma?
Los sueños están hechos de esperanza. De ilusiones. De proyectos. Los compone una suma de necesidades vitales y ocurrencias dirigidas a satisfacer esas necesidades. En ellos se conjugan IDEAS, casi todas locas. Porque cuando se trata de ideas centradas los sueños dejan de ser sueños para convertirse en realidades asequibles.
¿Significa eso que los sueños nunca serán asequibles, que jamás podrán estar al alcance de la mano? Eso depende de cuántas veces los sueñes y de cómo te empeñes en materializarlos.

¿A qué saben los sueños?
Saben a MAGIA. Saben a dulce, a salado. A chocolate, a frutas del bosque, a canela. A todo lo que nos deleita el paladar. Tienen, de hecho, un sabor muy personal. El sabor de los besos, de las sonrisas; el de las cosas que nos las provocan. A algunos les saben a fresa, o a cereza. A otros a solomillo de buey, a especias. A granizado de limón. A montones de cosas que nos parecen buenas y nos procuran un inusitado PLACER.

¿A qué huelen los sueños?
Huelen a mar, a sol, a viajes. Huelen a primavera y a un verano eterno. Huelen a niñez, a LIBERTAD, a fresco. A fiesta y a caramelo. A todos los perfumes que nos transportan a los lugares más bellos, esos que nos reconfortan el alma.

¿Escuchas la voz de los sueños?
Si preparas tus oídos podrás hacerlo. ÁBRELOS. Los sueños son esa vocecita que a menudo se cuela en tu cerebro y te grita: ¡Vamos, a por ello! Que te inspira, te empuja y anima a realizarlos y disfrutar con ello. Que te impulsa a lucharlos.

Los sueños pueden verse
Pueden tocarse. Con solo soñarlos una y otra vez. Con pelearlos. Con VIVIRLOS. Tienen piel, están bajo tu piel. Son tu esencia y tu razón de ser.
Por eso NUNCA ABANDONES TUS SUEÑOS. Los que motivan tus sentidos. Los que te alimentan el espíritu y te mantienen despierto, creativo, expectante, VIVO en definitiva.

NO DEJES DE SOÑAR
Ten siempre sueños por cumplir y metas que realizar

SIGUE SOÑANDO...


viernes, 4 de julio de 2014

CARNE FRESCA

Me pareció de mal gusto que me citara en el McDonald’s, sabiendo como sabe que soy vegetariana convencida

No quise estropearle la cena, de modo que irrumpí en el establecimiento con una de mis mejores sonrisas, aunque el olor a carne quemada me obligaba a hacer grandes esfuerzos por reprimir las arcadas. 

Debía notárseme la incomodidad porque todas las miradas se dirigían a mi persona. Cuando me empujaron hacia la cocina se confirmaron mis peores sospechas
De no ser porque se me retorcieron los cuernos habría resultado carne de parrilla para las próximas dos mil hamburguesas.

martes, 17 de junio de 2014

JUNTOS Y REVUELTOS: EL ARTE EN LA LITERATURA

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado (…)”
A una nariz. Francisco de Quevedo.
Así da comienzo el célebre soneto que Francisco de Quevedo dedica a su celebérrimo enemigo Luis de Góngora.

Hasta tal punto respiran el mismo aire las diferentes artes que los propios artistas vienen tradicionalmente relacionándose entre sí.

Fruto de estas relaciones, contemporáneas o extemporáneas, han nacido obras maravillosas que han obtenido por méritos propios un lugar de honor en la Historia del Arte.

De sobra son conocidas las burlas que Francisco de Quevedo dedicó a Góngora, a quien hizo feroces acusaciones personales que tuvieron su oportuna réplica. Como resultado de esta hostilidad crearon una serie de divertidas sátiras, de las que quizás la más sonada haya sido “A una nariz”, de la que puede leerse un extracto más arriba.

Tuvo muchos enemigos Quevedo, a causa de la rotundidad de sus escritos y de su carácter ácido e irónico, pero contó también con grandes amigos, entre ellos don Fadrique de Toledo y el duque de Medinaceli.
Durante el tiempo que estuvo en la corte se granjeó el favor de Felipe IV, y probablemente gracias a su cargo de secretario Velázquez le pintara su famoso retrato, donde supo reflejar con fidelidad su personalidad e inteligencia, así como su naturaleza burlona.